Ayer fue uno de los peores días y me lo tengo bien merecido. No sabes cómo deseo no haber despertado nunca en ese día, que mágicamente el calendario encontrara su camino del miércoles al viernes. Pero lo hecho, hecho está y hasta la fecha no he encontrado la forma de volver el reloj atrás. ¿Sabes que es lo que más me duele? Que no tengo cara, ni verdades para excusar mis acciones; que no fue una sola vez y que no eres la única persona a la que he traicionado. Gracias por abrirme los ojos y hacerme ver cuán estúpido he sido y puedo llegar a ser; gracias porque de ese modo me proteges de mi mismo y me haces consciente de la parte de mi que aborrezco con toda mi ser.
No quiero perderte. Eso significaría renunciar por completo a uno de mis brazos, a una de mis piernas. Sólo me resta pedirte que puedas llegar a perdonarme y volvamos a esos tiempos de risas telefónicas, bromas tontas y pláticas en camiones; esas imágenes que por alguna razón lucen tan distantes y que añoro con toda el alma en este momento.
Te quiero hermano.
Te quiero hermano.